A los asistentes a su conferencia en La Puebla de Alfindén, que fueron muchos, José Antonio Adell los hechizó literalmente con su conferencia titulada: “Las hechizadas de las montañas”.
Fue el suyo un alarde de erudición, pero sabiamente trufado de humor y de una capacidad divulgativa fuera de lo común.
Su exposición del universo de las brujas, sus conjuros, hierbas, ritos y magias, estuvo en todo momento unida a los procesos de la Inquisición incoados bajo la acusación de brujería. Víctimas de aquellos rigores judiciales fueron en los siglos XVI y XVII numerosas mujeres del valle de Tena y de otros apartados rincones de los Pirineos aragoneses.
Apoyándose en los elementos de la arquitectura popular —como esas chimeneas coronadas de “espantabrujas”—, sobre los dibujos de Goya inspirados en hechiceras, endemoniados y adoradores de Satán, y apoyándose en una larga lista de documentos históricos sobre inquisidores y sus procedimientos penales, Adell hizo las delicias del público y elevó a un nivel mágico el eje temático del Festival, dedicado este años a “los seres invisibles”.



