Aragón desprende talento literario. Son muchas las plumas ilustres que plasman en palabras, con ejemplar maestría, historias y vivencias que después convierten en geniales relatos. El festival de Aragón Negro ha recogido en su edición 2022 una pequeña muestra del ingenio de jóvenes y veteranos escritores, que un buen día dejaron traspasar su imaginación al papel. El club de “La Luna Creciente”, capitaneado por el novelista Juan Bolea, y al que pertenecen 12 autores aragoneses, ha organizado en la FNAC de Zaragoza una lectura pública de los escritos de sus integrantes.

Cada cual, siendo fiel a su estilo y firma, han compartido ante el micrófono sus prosas, relatos y poemas, arrancando sonoros aplausos de un público entusiasta por las letras. Hay nivel entre las filas del Club. La más joven, Inés Lázaro, brilló narrando un precioso cuento, “El Castillo de Arena”, en el que ofrecía a los oyentes una poderosa moraleja: ¡cuidado con los espejismos! Esos que, demasiadas veces a lo largo de la vida, pueden llegar a engaitar hasta al más cuerdo. María Eugenia Sanz, con un relato costumbrista rebosante de  fuerza semántica e ironía, aportó, en formato ficcionado, una visión muy acertada de cómo una bella mujer de larga trenza y algo “chunga” se vio en la obligación de pasar a una “mejor vida”, tras diversos episodios de calvario.

Victoria González interpretó, con voz intermitentemente entrecortada, una desgarradora composición sobre el amor hacia los animales: los seres “más puros”. Jesús Pueyo, el escritor más curtido en años, deleitó a los escuchantes, desde la más entrañable elegancia, leyendo en alto los pensamientos de “El Abuelo”, ese hombre ya maduro, susurrante del campo, que debe afrontar, como la inquebrantable ley de vida que es, que mientras el joven brota, “el viejo se apaga”.

Elena Fuertes, quien se define a sí misma como una mujer amante de la fantasía, contó la historia de esa chiquilla “con pájaros en la cabeza”, que no dejará que la inocencia más pueril la abandone jamás. Luisa María Gil, escribiente de humorísticos relatos surgidos “sobre la marcha”, desató con su “Noche de Oscuro Satén” la carcajada más inesperada de la jornada, al narrar las vivencias de una mujer que recuerda las distintas etapas de la vida, en el seno de una curiosa familia, en la que intervenía una algarabía de gritos, melodiosos muelles nocturnos, un gigoló y un cajón de sujetadores.

Berta Blasco, planteó una penetrante reflexión: ¿expansión o extinción? En su relato, descifra las vivencias de un grupo de personas, cuya misión, en un “planeta muy lejano”, termina por desvelar a los protagonistas que la costumbre puede volverse la peor enemiga. Maite Oro, en plena elaboración de su primera novela, cuenta en “El Silencio del Alba” las impresiones de un joven al presenciar varias ejecuciones de verdugos en la ciudad Zaragoza, durante el siglo XIX.

¿Quién de ustedes es capaz de matar? Beatriz Morancho lanzaba esta pregunta al público, como preludio de una contundente y potente narración, en la que presentó la historia de cuatro mujeres en cuyo interior  han de convivir simultáneamente el espíritu de la víctima y el verdugo.

La sesión de lectura acumulaba un altísimo nivel de intensidad emocional cuando, de pronto, María Luisa Neri consiguió despertar el alborozo junto con todo un recital de aplausos,  al narrar, con magistrales dosis de comicidad, la entrada de una mujer en la tercera edad, que debe aprender a pulir el arte del disimulo ante los primeros crujidos del tiempo. “50 años”, escritos de su puño y letra. Jorge Giménez, en “Una Luz entre el Hastío”, describió el tierno encuentro de dos desconocidos, cuando una simple mirada puede tornarse eterna.

El próximo 2 de junio, los doce autores del Club presentan el libro “Doce guiños a la luna”. En palabras de todos ellos, son doce relatos inéditos, “ricos en matices y colores”, que, sin duda, les han ayudado no solo a descubrir su propia voz interior sino a compartirla con los lectores.

Olga Sánchez dice haberse pasado “al lado oscuro”. Si bien, durante la jornada, ofreció una reluciente lírica con notas profundamente existencialistas: En “El amor de su vida”, habla de Amalia. Una mujer perdidamente enamorada de Joaquín, que un día incluso aspiró a convertirse en ‘femme fatale’ y que, llegado un punto, no termina de distinguir la realidad de la vigilia. ¿Vivió Amalita la vida que escogió? Ni siquiera ella lo sabe. Es lo que trata de contarse a sí misma

Una información de Lara Escudero.

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