Sala de máquinas

Juan Bolea

Espiritismo

Espiritismo es una palabra colmada de resonancias, trascendencias, misterios, con la sombra de lo sobrenatural y de la magia prendida a su aura… Pero también inspira ecos y argumentos de pura filosofía. No otra fue la tesis que el historiador (y concejal de Cultura de San Mateo de Gállego) Rubén Martínez, desgranó en la Fundación de Daroca, ante un público interesado y dispuesto a participar y aprender.

Como tal, el movimiento espiritista nació en 1847, de la mano de las hermanas Fox. Protestantes norteamericanas a las que se debió el primitivo interés y la intención de comunicar con los espíritus a través de un nuevo método o alfabeto: la ouija.

A partir de ese momento, y de la aparición, en 1857, de “El libro de los espíritus” de Allen Kardek, la propagación del espiritismo entre los librepensadores americanos y europeos se difundió como la pólvora. Ciertamente tenía atractivo, un ritual, algunos resultados cuando menos sorprendentes, y un corpus filosófico con un componente explosivo, pues cuestionaba la religión tal como venía entendiéndose, apuntando a la permanencia de la materia (los espíritus serían “matéricos”), como un nuevo dogma a demostrar en el ámbito de la futura teosofía. De ahí al mesmerismo, al hipnotismo de James Brady, al espiritismo magnético de Kerner, a madame Blavatsky o a Crowley quedaba todavía un trecho, pero la circunstancia fue que los “círculos” espiritistas multiplicaron sus reuniones, sus publicaciones, su influencia, estableciéndose en aquella Francia, en aquella Alemania o en nuestra España decimonónica como un fenómeno de impensables consecuencias y conclusiones.

La tesis doctoral de Rubén Martínez se detiene particularmente en la figura del aragonés Antonio Torres Solanot, quien dirigió revistas y círculos de espiritistas, aportando ciencia y conciencia, teoría y práctica al “movimiento” y expandiéndolo por buena parte de Aragón, en cuyo pasado reciente abundan testimonios y experiencias de un espiritismo vivo y moderno.

Esta actividad divulgativa, que fue un éxito, se suma al buen quehacer que Daroca y su Comarca vienen ejercitando en materia cultural gracias a un excelente y laborioso equipo compuesto por Javier Lafuente, Arcadio Muñoz, Pascual Sánchez, Mamen Sebastián y José Ángel García. La cultura, para ellos, es una herramienta de bienestar y un servicio obligado. Sin ser necesariamente espiritistas, su espíritu es positivo, benefactor.

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Aragón Negro

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