Fascinantes investigaciones científicas tienen lugar en laboratorios de genealogía forense como el prestigioso Citogen, con sede en Zaragoza. Uno de sus biólogos, Marcos Merchán, especializado en criminalística, ofreció una charla en el Ayuntamiento de María de Huerva, presidida por la concejal de Cultura, Marian Cisterna, que dio mucho de sí.
Respecto a la utilidad de tan avanzadas tecnologías en el capítulo de la investigación criminal, el conferenciante se remontó a varios ejemplos en los que su aplicación había solucionado crímenes y delitos. Joshep De Angelo, apodado “Golden State killer”, culpable de trece asesinatos y cincuenta agresiones sexuales, fue identificado gracias a las nuevas técnicas inspiradas en el concepto de “ancestría”. Una búsqueda por los ancestros, antepasados, familiares de aquellos sospechosos que, por falta de huellas o pruebas, consiguieron eludir la acción de la justicia. Finalmente localizados gracias a las coincidencias de su perfil genético con el de parientes suyos, pudieron ser juzgados y condenados. Otro ejemplo: los “crímenes de Linköping” (Suecia), perpetrados en 2009, pero no resueltos hasta 2019. El culpable, un ciudadano sueco llamado Daniel Nyqvist, fue descubierto gracias a estudios de genealogía. En sentido contrario, numerosos presos confían en estas novísimas técnicas para ser liberados por delitos que afirman no haber cometido. Tan sólo en USA hay ciento cincuenta mil reos pendientes de nuevas pruebas.
Extensibles son las aplicaciones de la genealogía forense, según Marcos Merchán explicó en María de Huerva con tanta claridad como detenimiento y rigor, a otros muchos aspectos de nuestra vida social, o a la mejor práctica del derecho: identificación de cadáveres (con particular incidencia en las exhumaciones vía “memoria histórica”), de personas desaparecidas, de testigos “invisibles”, de presuntas paternidades; o bien, en el marco de litigios originados por la disputa familiar de una herencia en la que los deudos cuestionen la filiación de alguno, requiriéndose peritaje para aclarar el conflicto.
El presente de estos laboratorios es, por tanto, tan apasionante como práctico. Algunas dudas, no obstante, presenta el futuro. La principal: ¿Llegará a ser el “perfil genético” de cada persona un arma al servicio del poder?


