ZARAGOZA | JUAN MARI SAURAS

El género negro, en tanto que incursión en las profundidades de la condición humana, ofrece una amplísima galería de contrastes que moldean la particular idiosincrasia del artefacto que nos legaron autores como Dashiell Hammett o Raymond Chandler. Personajes abyectos, ruines, monstruos escondidos bajo una máscara de piel humana, se codean con níveos ángeles caídos en medio de la inmundicia que asola las calles de la gran ciudad. Pequeños actos piadosos que contribuyen humildemente a hacer del mundo un lugar un poco mejor se escriben junto a crímenes brutales. El mejor ejemplo lo tenemos en los propios protagonistas de los relatos: lobos solitarios, detectives alcohólicos, perdedores. Antihéroes a los que solo una ligera pátina de moralidad separa de sus adversarios y encarnan la contradicción que supone el ser una persona de carne y hueso.

Este carácter oscuro, discordante y auténtico ha quedado bien impreso en la nueva novela de Pablo Sebastiá Tirado, Reikiavik. Una historia que oscila entre la gélida Islandia y la cálida Barcelona, donde el progreso tecnológico no se ha acompañado de una evolución ética y la más avanzada ciencia convive con los viejos pecados. El relato de un hombre que acepta ensuciar su propia alma si tal es el precio de combatir el mal.

Sebastiá es un nombre que no resultará desconocido para los aficionados a la novela negra. Precedido por la lectura del relato de Marta Aldea, integrante del taller 12 Lunas, a cargo de su compañera Susana Matas, el escritor valenciano convocó a un numeroso público en la Casa del Libro. No es para menos, pues una sólida trayectoria de seis novelas y numerosos relatos publicados junto al colectivo 12 Plumas Negras lo sitúan entre los autores de referencia del género negro español.

Catalogada por algunos como novela de ciencia ficción por su futurista ambientación, el autor prefiere hablar de una novela “de ciencia avanzada, o un thriller tecnológico”. “La tecnología que aparece en el libro es la que veremos de aquí a 40 años. Ya se están haciendo experimentos con la teleportación, y cuando eso se convierta en una realidad sólida el mundo cambiará como nunca lo había hecho hasta la fecha”.

El concepto de la teleportación posee un carácter capital en Reikiavik, al constituir un símbolo del poder y las consecuencias de su uso. En el libro, esta tecnología queda reservada para unos pocos grupos e individuos que experimentan con ella. Dichos experimentos darán pie al nacimiento del héroe, “un Frankenstein del S.XXI”. ¿Y dónde situar a un personaje así? “En el lugar más oscuro de todos: el tráfico de seres humanos. Ahí es donde el monstruo puede convertirse en un héroe”. Un personaje brutal del que, insiste, “al final todos se enamoran”.

Sobre la elección de Barcelona como escenario para la novela, que ya escogiera para su anterior creación La Sonrisa de las Iguanas, Sebastiá explica que “si hay una ciudad que se está corrompiendo más rápidamente que las demás, esa es Barcelona. La sensación de seguridad con la que uno camina por otras ciudades y por Barcelona es otra, es más baja. Y eso responde a una serie de causas”. Si bien admite la posible influencia inconsciente que hayan podido ejercer autores como Vázquez Montalbán o Carlos Zanón, pues “en el imaginario colectivo pervive la Barcelona de Carvalho”.

Otra característica notoria de la novela es el detallismo y la precisión con la que está compuesta. Algo que se deja sentir incluso en la portada, atravesada por el Taurus 44 que porta el protagonista: “Le dije a mi editor que tenía que ser el Taurus 44, el del prota, que es el que se usa cuando vas a matar a alguien en espacios pequeños”. Un esfuerzo casi obsesivo por plagar la historia de pequeños detalles que perfilan el carácter incisivo y pulido del relato, preciso como un metrónomo a la hora de marcar los tiempos y capaz de romper cualquier atadura y sumergirse en aguas oscuras para cazar a los monstruos que en ellas moran con el objetivo de presentarlos al lector.

Pablo Sebastiá ha vuelto a sorprender con un nuevo giro de tuerca que conduce los límites de la literatura noir más allá, al tiempo que se mantiene fiel a su esencia y ahonda en las características más notorias del género. Todo ello ha dado como resultado un libro magnífico que sin duda sorprenderá a propios y extraños y colmará las expectativas de todos aquellos que disfruten con las buenas novelas negras. Y es que no sabemos si el paso del tiempo nos conducirá al futuro vislumbrado por Sebastiá, pero sí que, pase lo que pase, siempre podremos recuperar esta novela y reivindicarla como la gran obra que es.

FOTOS: FESTIVAL ARAGÓN NEGRO

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