Zaragoza | El FAN recibe la visita de David Llorente presentando ‘Madrid: frontera’, novela galardonada con el Premio Dashiell Hammett 2017

ZARAGOZA | JUAN MARI SAURAS

¿Qué significa ganar a día de hoy el premio Dashiell Hammett, otorgado por la celebérrima Semana Negra de Gijón? ¿La coronación como maestro de las letras criminales? ¿La conversión en protagonista de las portadas culturales, o incluso de las generalistas si tienes suerte y caes en una época de sequía informativa? ¿La culminación de la vieja expresión fama y fortuna? ¿Todo? ¿Nada?

Cada cual se guiará por su propio criterio a la hora de juzgar el realismo o siquiera la importancia de las cuestiones anteriores. Cae dentro del terreno de lo objetivo, sin embargo, asumir la condición del Dashiell Hammett como el galardón de novela negra más importante en lengua castellana. Un hito alcanzado por figuras consagradas como Leonardo Padura, Andreu Martín o Cristina Fallarás y que lo sitúa entre las máximas aspiraciones que puede alcanzar cualquier escritor que se mueva en los oscuros caminos del género.

Por ello, resulta sorpresivo conocer a David Llorente y encontrar a una persona humilde y amable, que habla de su trayectoria y su experiencia con enorme naturalidad y sin exceso alguno. Casi ajeno al hecho de que su obra “Madrid: frontera” ha provocado un enorme temblor en el mundo de la novela negra gracias a la originalidad que exuda tanto en forma como en contenido.

Llama la atención que, cuando se le pregunta acerca de su victoria en el emblemático certamen, dedique buena parte de sus palabras al círculo de personas que estuvo allí para apoyarlo antes que a su propia reacción: “me sentí alegre, claro. Pero aunque suene un poco moñas, fue cuando vi lo contenta que se ponía la gente a mi alrededor, mi círculo íntimo, cuando realmente me sentí feliz”.

Tal vez sea ese, su encantador carácter, el que le haya permitido forjar una relación tan especial con un sello que ha demostrado poseer también una entidad propia y singular: Alrevés, punta de lanza de la buena literatura negra en España y una de las editoriales independientes que más se ha esforzado por difundir el género y apostar por sus jóvenes talentos. A la hora de explicar la filosofía que mueve su causa, su fundador Gregori Dolz lo tiene claro: “En Alrevés, tenemos la manía de intentar fichar a los autores, no a los libros. Sabemos lo difícil que es convertirse en autor en España, y queremos estar ahí no para publicar su primera novela, sino la segunda o la tercera. Con la mayoría de nuestros autores acabamos desarrollando una amistad sincera”.

No cabe duda de que la relación construida por Gregori y David ha resultado ser fértil, con la concepción y alumbramiento de extraordinarias novelas como “Te quiero porque me das de comer” o “Madrid: frontera”, potentísimo arrebato estilístico que editor y autor acudieron a presentar a Zaragoza dentro del ciclo de actividades organizadas por el Festival Aragón Negro, uno de los principales bastiones culturales del panorama nacional.

UNA PRESENTACIÓN EN LA MEJOR COMPAÑÍA

En compañía del conocido periodista cultural Daniel Monserrat y los alumnos del taller literario 12 Lunas, que leyeron algunos textos al principio y al final del acto, ambos departieron con un estilo cercano y cálido sobre la obra y cuestiones anexas arropados por las risas del público, con el que supieron congeniar sin artificio alguno. Tan solo buena literatura y magníficas compañías.

Monserrat, en busca de unas palabras que le permitiesen condensar los pensamientos que el libro había originado en su cabeza, trataba de resumirlo con una única frase: “es un libro que hay que leer. Puedo decir muchísimas cosas sobre él, pero la más importante es esa. Es un libro que ha de leerse”. Y la crítica no parece distanciarse mucho de su opinión, dado que de manera prácticamente unánime han aplaudido el original acercamiento propuesto por Llorente a la literatura negra, si bien él niega la categorización de novela distópica que se le ha dado desde numerosos medios debido a su ambientación en un Madrid desolado y ajeno a esta realidad. “No creo que sea una novela de ese tipo. Es cierto que la historia se mueve en un marco fantástico, pero hasta ahí llega la caracterización” afirma. Ante dicha definición, él prefiere referirse a su creación como una novela social, si bien admite la pluralidad de caminos estilísticos que condensa en sus páginas: “lo que hace falta en estos momentos es la novela social, de denuncia y testimonio.

Y el género negro es el más flexible a la hora de abrazar otros géneros”. Caracterizada también por su innovación formal al dotar a la narración de una voz en segunda persona, “Madrid: frontera” constituye un grito de desesperación contra las injusticias y las miserias que la realidad vierte a diario como un mar negro y asfixiante, similar a las penumbrosas aguas que en la novela rodean la capital y sirven de líquido sepulcro a todos los que han perdido las esperanzas. “Un espejo al que da miedo asomarse, que provoca temor por el reflejo que te devuelve”, en las certeras palabras de Daniel Monserrat.

Este pequeño análisis de la novela permite entender por qué cuando se menciona la literatura de David Llorente, “diferente” sea la palabra que más se utilice como socorrido recurso para definirla. “David siempre intenta escribir de una manera distinta, salir de los tópicos”, afirma Gregori. “Siempre busca nuevas fórmulas narrativas, y procura no dejarse llevar por lo clásico o conocido”. Lo cual quedó patente en el relato del propio editor respecto a su primer contacto con la obra del escritor madrileño, mediante un manuscrito que devoró de una sentada tras cancelar todas sus obligaciones para poder encerrarse a solas con el texto. “Lo único que pude pensar fue que, si queríamos publicar algo diferente, teníamos que publicar eso” comentaba con una sonrisa anclada en el recuerdo.

Con un enorme salto temporal, el pasado se difuminó para dar lugar al futuro. O al menos, lo que ambos protagonistas del acto esperaban que representase para ellos. Por ahora, su próxima aventura es el desembarco de la novela en tierras francesas, para desgracia de la traductora a la que le tocó lidiar con el complejo estilo de David, como comentaron entre risas. Más allá de dicho episodio, que supone un importante paso en la consolidación de Alrevés como editorial de referencia, poco se sabe. El mañana, sin embargo, no parece preocupar en exceso al autor, orgulloso del camino que ha recorrido y seguro, por tanto, de la dirección que deben seguir sus pasos. “Estoy satisfecho porque miro a mis novelas y creo que lo que he hecho es coherente. No he hecho nada con la intención de vender más. Solo escribo lo que realmente quiero escribir”.

FOTOS: FESTIVAL ARAGÓN NEGRO