ZARAGOZA | FRANCISCO YÁÑEZ

La Capilla Yarza, en el Cementerio de Torrero de Zaragoza, ha sido el punto de encuentro para quienes han participado en el evento Geocaching Aragón Negro de esta edición del Festival. Casi un centenar de jugadores de todas las edades, procedentes de diversas localidades aragonesas y algunos venidos desde Cataluña, País Vasco, Navarra y Castilla y León, han recibido el dossier que les introducía en una aventura en la que los perros han resultado ser los protagonistas.

Cave Canem, una aventura a cara de perro se ha desarrollado en el Barranco de la Muerte. Allí, los jugadores han ido encontrando los llamados cachés o tesoros y las pistas necesarias para rescatar a los dueños de Vega, Medor y Azor, los protagonistas de esta historia.

Los participantes, llamados geocachers, han empleado la tecnología GPS y han hecho uso de datos obtenidos mediante dispositivos NFC (Comunicación de corto alcance) y códigos QR para seguir los itinerarios propuestos hasta los tesoros escondidos. Además, han tenido que resolver acertijos que han puesto a prueba sus conocimientos de arte y literatura.

Una vez obtenidas las coordenadas finales de los cachés y alcanzada la Zona Cero, el hacerse con el tesoro y firmar el libro de bitácora escondido en su interior no ha sido sencillo. El empleo de imaginación, imanes, herramientas varias y mucho trabajo en equipo han resultado imprescindibles para conseguir su objetivo.

En definitiva, una agradable mañana al aire libre para pasarlo bien, hacer relaciones sociales, conocer nuevos amigos y poner las neuronas a trabajar.

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