CADRETE   |   CAMINO IVARS

La localidad zaragozana de Cadrete recibía este viernes a uno de los autores de novela negra más conocidos de nuestro país. Se trata de César Pérez Gellida, que acaba de publicar ‘Todo lo peor’  y quien estuvo acompañado durante el coloquio por Anabel Melero, encargada de la Biblioteca Municipal de Cadrete Benito Casanova.

“Tras una carrera profesional dedicada al mundo del marketing y las telecomunicaciones, en 2011 decide dejarlo todo y dedicarse en exclusiva a la escritura”, explicaba Melero durante la presentación que tuvo lugar en el Centro Sociocultural Abderramán III ante un animado público. Por aquel entonces, el autor irrumpiría con fuerza con la publicación de ‘Memento mori’ la cual ser serviría no solo el reconocimiento de la crítica sino el premio Racimo de Literatura 2012.

Esta obra constituía la primera parte de la trilogía ‘Versos’. “Uno de los principales motivos de que me dedique a escribir hoy en día es el insomnio. El método que utilizo para quedarme tranquilo en la cama consiste en inventarme una historia que retomo al día siguiente en el mismo punto”, reconoce.

Otro de los detonantes de esta carrera fue, precisamente, un dato que descubrió por aquel entonces y es que el 2,5% de la población tenía algún tipo de trastorno antisocial, algo sobre lo que, por otro lado, existe un gran desconocimiento. “Ni todos los sociópatas se convierten en asesinos en serie, ni todos los asesinos en serie son sociópatas. Eso me hizo investigar sobre este tema”, explica. Y, a pesar de que este vallisoletano ilustre –reconocido como tal en el año 2014- reconoce que jamás soñó con dedicarse a la escritura, asegura que pronto descubrió que tenía cierta facilidad para hacerlo.

“Para abordar mi primera novela lo primero que tuve que hacer fue investigar y hablar con especialistas. Así nacería el personaje de Augusto Ledesma, un sociópata de tipo narcisista”, indica. En 2016, tras el éxito de ‘Dies irae’ y ‘Cosummatum est’, saldría a la luz la primera entrega de su segunda trilogía, ‘Refranes, canciones y rastros de sangre’, que se compone de las obras ‘Sarna con gusto’, ‘Cuchillo de palo’ y ‘A grandes males’. ‘Khimera’ y ‘Konets’ completaban esta suerte de poliedro creativo, al menos hasta la llegada de ‘Todo lo mejor’, primera parte de su actual obra, ‘Todo lo peor’, aunque en ambos casos se trata de obras auto-conclusivas.

“Cuando escribo, mi objetivo principal es distraer al lector. Hay tramas que no están resueltas, hilos que no están anudados del todo y personajes con los que adquiero deudas que luego me gusta pagar. No es algo decidido ni premeditado”, afirma Gellida. Personajes con los que, en la mayoría de los casos, el autor asegura que comparte ADN, y otros que simplemente aparecieron en su vida por que tenían que estar ahí: “En la  primera trilogía cuento con un asesino en serie  y un inspector de homicidios pero me doy cuenta de que necesito un personaje ambiguo que desequilibre la balanza”. Habla de Armando Lopategui, alias Carapocha, un psicólgo criminalista que resulta convertirse en un personaje poliédrico que, casi sin darse cuenta, comenzó a fagocitar la trama. “En 2014 decido prescindir de sus servicios pero adquiero una deuda con este personaje”, añade.

‘Todo lo peor’ es su última obra hasta la fecha y completa con su precedente, ‘Todo lo mejor’, una bilogía ambientada en el Berlín Este de los años ochenta donde la investigación criminal y el espionaje son los ingredientes principales de un cóctel explosivo. En este caso, los personajes ya conocidos por el lector Lopategui, que trabaja para los servicios secretos rusos, y Erika Eisenberg, así como los alemanes Otto y Birgit Bauer tendrán que afrontar el caso de un asesino, conocido como Asa, que se ceba con la población homosexual de Berlín Este en 1980: “He creado muchos personajes feos pero este me ha costado especialmente”

A lo largo de la sesión, Gellida también compartió con la audiencia algunos de sus trucos y secretos a la hora de adentrarse en el proceso creativo, como, por ejemplo, el hecho de comenzar su ardua jornada laboral entre las 4 y las 5 de la mañana y escribir durante 8 o 10 horas al día acompañado de un sonido muy concreto: un secador de pelo el cual permanece encendido, a su lado, en todo momento. “Me hace aislarme de todo, ya puede caerse el mundo que no me entero de nada”, afirma.

También habló sin tapujos del oficio del escritor: “En España no llegamos a un centenar las personas que nos dedicamos exclusivamente a esto. Es muy difícil”. Del precio final de venta de un libro, tan solo el 10% va para el autor, y el 80% de las novelas publicadas en España venden menos de 500 ejemplares. “Por eso, para quien publica su primer libro, lo más probable es que sea el último”.

Además, Gellida asegura que sus novelas “no son sencillas ni fáciles de digerir”, pero, sin embargo, logran cautivar al lector a lo largo de sus páginas. “Yo me tengo que divertir en este oficio, si no te diviertes con lo poco que se gana y lo exigente que es… no merece la pena”, reconoce. Sin embargo, al mismo tiempo admite que el futuro es muy complicado. “Por ejemplo, para mi hijo de 13 años la lectura no forma parte de sus opciones de entretenimiento. Y eso que ha visto a su padre leer toda la vida”, afirma. El autor, además se reconocía como un ávido devorador de libros, sobre todo de novela negra y de género: “Es la que más me gusta y la que más me cabrea al mismo tiempo”.

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